FUNDAMENTO APOSTÓLICO

HECHOS 2:38


FUNDAMENTO APOSTÓLICO



PROLOGO

Creemos que la Biblia es inspirada por Dios, la infalible Palabra de Dios. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Tim. 3:16).

La Biblia es la única autoridad dada por Dios al hombre; por tanto, toda doctrina, fe, esperanza y toda instrucción para la Iglesia debe ser basada en, y armonizar con la Biblia. Debe ser leída y estudiada por todos los hombres en todas partes y solamente puede ser entendida por los que han sido ungidos por el Espíritu Santo (1 Juan 2:27). “Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios, hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:20-21).

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DOCTRINA FUNDAMENTAL

La doctrina fundamental y básica de esta Organización será el modelo bíblico de la salvación plena, la cual consiste en arrepentimiento, bautismo por inmersión en agua en el nombre del Señor Jesucristo para el perdón de pecados, y el bautismo del Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu dé que hable.

Nos esforzaremos en guardar la unidad del Espíritu hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe, al mismo tiempo, amonestando a los hermanos que no contiendan por sus diferentes puntos de vista, trayendo así la desunión del cuerpo.


EL UNICO DIOS VERDADERO

Creemos en el único Dios viviente, eterno: infinito en poder, Santo en naturaleza, atributos y propósitos; que posee deidad absoluta e indivisible. Este único Dios verdadero se ha revelado El mismo como Padre, por medio de su Hijo en la redención; y como el Espíritu Santo por emanación (1 Corintios 8:6; Efesios 4:6; 2 Corintios 5:19; Joel 2:28).

Las Escrituras hacen más que intentar probar la existencia de Dios; afirman, asumen y declaran que el conocimiento de Dios es universal (Romanos 1:19, 21, 32; 2:15). Dios es Invisible, Incorpóreo, sin partes, sin cuerpo y por tanto sin ninguna limitación. Él es Espíritu (Juan 4:24) y “un espíritu no tiene carne ni huesos” (Lucas 24:39). “El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es” (Marcos 12:29; Deuteronomio 6:4). “Un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efesios 4:6).

El único Dios verdadero se manifestó El mismo en varios modos en el Antiguo Testamento; en el Hijo mientras estaba entre los hombres; como el Espíritu Santo después.


EL HIJO DE DIOS

El único Dios verdadero, el Jehová del Antiguo Testamento, tomó en sí la forma de hombre, y como Hijo del hombre, nació de la virgen María. Pablo dice: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria” (Timoteo 3:16).

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11). El único Dios verdadero fue manifestado en carne, es decir, en su Hijo Jesucristo. “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuanta a los hombres sus pecados” (2 Corintios 5:19).

Creemos que “en El (es decir, Jesucristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). “Por cuanto agradó al Padre que en El habitase toda la plenitud” (Colosenses 1:19). Por esto, Jesucristo en su humanidad era hombre; en su Deidad era y es Dios. Su carne era el cordero, o el sacrificio de Dios. Es el único mediador entre Dios y el hombre. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).

Jesucristo, por parte de su Padre, era divino; por parte de su madre, era humano. Así, Él era conocido como el Hijo de Dios y también como el Hijo del hombre, o el Dios- hombre.

“Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a Él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (I Corintios 15:27-28).

“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8).


EL NOMBRE

Dios usó varios títulos, tales como “Elohim,” “Dios,” “El Dios Todopoderoso,” “El Shaddai,” “Jehová,” y especialmente “Jehová, el Señor” el nombre redentor en el Antiguo Testamento.

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombre; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Esta profecía de Isaías se cumplió cuando el Hijo de Dios fue nombrado, “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque el salvará a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).


RESTAURACIÓN POR MEDIO DE LA SANGRE

El Señor Jesús vino”…a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10)

Este acto divino de restauración depende de la sangre del Cordero de Dios, y es el fundamento que hace posible la salvación. Porque “… Sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Hebreos 9:22); “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su Gracia” (Efesios 1:7”; “ Al que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1: 5)

La salvación es por gracia, por la fe basada en la expiación provista por Jesucristo en su muerte , sepultura y resurrección ( Hechos 2:38; 20:28).


LA CREACION DEL HOMBRE Y SU CAIDA

En el principio Dios creó al hombre inocente, puro y santo; pero por medio del pecado de desobediencia, Adán y Eva, los primeros de la raza humana, cayeron de su estado santo, y Dios les expulsó del Edén. Así, por la desobediencia de un hombre el pecado entró en el mundo (Génesis 1:27; Romanos 3:23; 5:12).


ARREPENTIMIENTO Y CONVERSION

El perdón de pecados se obtiene por el arrepentimiento genuino, un hecho de confesar y abandonar los pecados. Somos justificados por fe en el Señor Jesucristo (Romanos 5:1). Juan el Bautista predicó el arrepentimiento, Jesús lo declaró y los Apóstoles insistieron en ello, tanto a los judíos como a los gentiles (Hechos 2:38; 11:18; 17:30).

La palabra “arrepentimiento” viene de varias palabras griegas que significan cambio de puntos de vista y de propósitos, cambio de corazón, cambio de actitud, cambio de vida, transformación, etc.

Jesús dijo, “si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13:3).

Lucas 24:47 dice, “Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.”


EL BAUTISMO DEL ESPIRITU SANTO

Juan el Bautista dijo en Mateo 3:11, “él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.”

Jesucristo dijo en Hecho 1:5, “vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.”

Lucas nos cuenta en Hechos 2:4, “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas (idiomas), según el Espíritu les daba que hablasen.”

Los términos “bautizar en Espíritu Santo y fuego,” “llenos del Espíritu Santo,” y el “don del Espíritu Santo” son términos sinónimos usados indistintamente en la Biblia.

Es bíblico esperar que todos los que reciben el don, la plenitud, o el bautismo del Espíritu Santo reciban la misma señal física, señal inicial de hablar en otras lenguas.

El hablar en otras lenguas, como se relata en Hechos 2:4; 10:46; 19:6 y el don de lenguas como se explica en I Corintios, capítulos 12 y 14, son iguales en esencia, pero distintos en uso y propósito.

El Señor, por medio de profeta Joel, dijo, “derramaré mi Espíritu sobre toda carne” (Joel 2:28).

Pedro, explicando esta experiencia fenomenal, dijo, “habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, (Jesús) ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2:33).

Además, “Porque para vosotros es la promesa, y para vuestro hijos, y para todos los que están lejos; para cuántos el Señor nuestro Dios llamare” (Hechos 2:39).


BAUTISMO EN AGUA

La manera bíblica de bautismo es por inmersión, y es solo para los que se han arrepentido completamente, habiéndose apartado de sus pecados y de su amor para el mundo. Debe ser ministrado por un ministro del Evangelio debidamente autorizado, obedeciendo la Palabra de Dios, y en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, según Hechos de los Apóstoles 2:38; 8:16; 10:48; 19:5; obedeciendo y cumpliendo así Mateo 28:19.


SANIDAD DIVINA

El primer pacto que el Señor (Jehová) hizo con los hijos de Israel después de librarlos de Egipto, fue un pacto de sanidad. El Señor dijo, “Si oyereis atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador” (Éxodo 15:26).

En algunas traducciones se lee: “Porque yo soy Jehová, tu médico.” Siendo Dios nuestro médico, tenemos al más capaz de todo el mundo. Nuestro Señor Jesucristo recorrió toda Galilea predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 4:23-24).

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

El sufrimiento sustitutivo del Señor Jesucristo pagó por la sanidad de nuestros cuerpos, igual que pagó por la salvación de nuestras almas porque “por su llaga fuimos nosotros curados” enfermedades, y llevó nuestras dolencias” (vea también I Pedro 2:24).

De todo esto vemos que la sanidad divina del cuerpo está en la expiación. Siendo verdad esto, la sanidad es para todos los que creen. Jesús dijo de los creyentes, “sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán” (Marcos 16:18). Mas tarde, Santiago escribió en su carta a todas las iglesias: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la Iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y se hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:14-16).

Todas estas promesas son para la iglesia de hoy.


LA CENA DEL SEÑOR.

La noche en que fue traicionado nuestro Señor, El comió la cena pascual con los Apóstoles y después la instituyó como sacramento. “Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19- 20).

Pablo le instruyó a la iglesia cómo observarla (1 Corintios 11:23-24).

Así fue instituido el uso del pan literal y el fruto de la vid, los cuales son tomados literalmente, como emblemas de Su cuerpo partido y sangre derramada. Hay también un significado espiritual y una bendición en tomar la Cena del Señor.


EL LAVAMIENTO DE PIES.

Cuando terminó la cena pascual, Jesús “se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciño. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:4-5).

Jesús dijo, “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestro pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:14-15). Este primer ejemplo fue dado por nuestro Señor, y es una institución divina. Los creyentes hacen bien en seguir su ejemplo al lavarles los pies los unos a los otros, demostrando así el espíritu de humildad.


LA SANTIDAD

Una vida piadosa debe caracterizar la vida de todo hijo de Dios, y debemos vivir según el ejemplo dado en la Palabra de Dios. “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12). “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (I Pedro 1:21-23).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14).

“Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito esta: Sed Santo, porque yo soy santo y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (I Pedro 1:15-9).

Desaprobamos por completo que nuestro pueblo participe en cualquier actividad que no conduzca a la vida piadosa tales como: Cine (exhibición de películas mundanas), bailes, baños en la playa, piscina, etc., (de hombres y mujeres juntos), corte de cabello de las mujeres, maquillaje, los vestidos que exponen inmodestamente el cuerpo, los deportes y diversiones mundanas, y los programas de radio y la música que sean insalubres. Además, porque todas estas cosas malas se presentan en los programas televisivos, desaprobamos que nuestros miembros tengan televisores en sus casas. Amonestamos a nuestro pueblo que se abstenga de estas prácticas, en interés del progreso espiritual y la pronta venida del Señor por Su Iglesia.


LA GRACIA DE DIOS

“Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Tito 2:11-12).

“Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).

Un cristiano, para guardarse salvo, debe caminar con Dios y guardarse en el amor de Dios (Judas 21) y en la gracia de Dios. La palabra “gracia” quiere decir “favor”. Cuando una persona comete transgresión y peca contra Dios, pierde Su favor. Si continúa en pecado y no se arrepiente, al final se perderá y será lanzado al lago de fuego. (Lea Juan 15:2, 6; 2 Pedro 2:20-21). Judas habla de los que se tornaron atrás en su día, y de su recompensa. (Lea también, Hebreos 6:4-6).

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).


LA RESTAURACION DE TODAS LAS COSAS.

Entendemos que las Escrituras enseñan “la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por baca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:21). Pero no encontramos que el diablo, sus ángeles y los pecadores están incluidos. (Vea Apocalipsis 20:10).


EL TRASLADO DE LOS SANTO

Creemos que se acerca el tiempo de la aparición del Señor; entonces los muertos en Cristo se levantaran, y nosotros los que quedamos seremos arrebatados con ellos a encontrar al Señor en el cielo (1 Tesalonicenses 4:13-17; 1 Corintios 15:51-54; Filipenses 3:20-21).


LA SEGUNDA VENIDA DE JESUS

La doctrina que Jesús vuelve la segunda vez, en persona, tal como se fue, está claramente expuesto por el mismo Señor Jesucristo, y fue predicado y enseñado en la Iglesia primitiva por los Apóstoles; por eso, los hijo de Dios hoy en día están seria y ansiosamente esperando el glorioso acontecimiento. (Mateo 24; Hechos 1:11; 3:19-21; I Corintios 11:26; Filipenses 3:20-21; 1 Tesalonicenses 4:14-17; Tito 2:13-14).


EL MILENIO

Creemos además, que la angustia sobre la tierra es el “principio de dolores” y se hará más intensa hasta que habrá un tiempo “de angustia cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces” (Mateo 24:3-8; Daniel 12:1), y este período de “tribulación” será seguido por el amanecer de un día mejor en la tierra y que durante mil años habrá “paz en la tierra y buena voluntad para con los hombres” (Apocalipsis 20:1-5; Isaías 65:17-25; Mateo 5:5; Daniel 7:27; Miqueas 4:1-2; Hebreos 2:14; Romanos 11:25-27).


JUICIO FINAL

Cuando terminen los mil años, habrá una resurrección de todos los muertos, quienes serán llamados delante del gran trono blanco para el juicio final; y todos los que no tienen sus nombre escritos en el Libro de la Vida serán lanzados al lago de fuego que arde con azufre, el cual Dios ha preparado para el diablo y sus ángeles, siendo Satanás el primero en ser lanzado (Mateo 25:41; Apocalipsis 20:7, 15; 21:8).












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